El Athletic sigue esperando volver a ganar en liga en Barcelona, algo que no consigue allí desde 2001. En 24 visitas ligueras, más otras cinco entre Copa y Supercopa, el muro se ha mantenido firme, incluso durante la etapa del Barcelona en Montjuïc.
Persiste la esperanza de que cada temporada acerque un poco más el final de la sequía. Llegan esta noche con más dudas que certezas tras un arranque marcado por momentos brillantes y sombras profundas ante el Sevilla.
Lo positivo está en el centro del campo, donde Gerenabarrena y Canales aportaron ideas frescas. La preocupación está en una defensa que encaja goles con facilidad: el Sevilla creó muy poco y aun así marcó tres.
Se ha instalado una nube de negatividad. Hubo algunos silbidos, los campeones del mundo no han sido recibidos por las instituciones en Bizkaia y se sienten como exiliados, y el resentimiento ha crecido después de que la directiva pusiera fin a las entradas de cortesía para empleados, jugadores y expresidentes.
Al menos, un entrenador nuevo suele reavivar la fe. Javi González, uno de los héroes presentes en la victoria de 2001, dice que incorporar a alguien de fuera, con la mente despejada, puede agitar las cosas, pero sigue pesando el episodio de Berizzo, con unos métodos que no convencieron a nadie.
Que llegue un golpe esta noche es otra cuestión. Puede que no, pero ¿y si esta vez sí?
“Se utilizó inteligencia artificial como apoyo para crear este artículo a partir de la información del medio original citado”.














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